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La psicología evolutiva de la neurociencia indica que hasta los 24 o 25 años el cerebro está madurando la gestión de las emociones que determinarán a futuro la personalidad.

Por tanto, los expertos aseguran que en etapas previas no siempre es sencillo lograr manifestar lo que se siente, mucho menos si no encuentran espacios para interactuar. En ese sentido, y considerando la realidad que vivieron los adolescentes y preadolescentes santafesinos durante los últimos meses con las medidas restrictivas impuestas como prevención a la pandemia del Covid-19, resulta preocupante para muchas familias saber cómo afectará esto el desarrollo de sus hijos e hijas.

Consultado al respecto, el educador emocional y consultor psicológico santafesino, Cristian Sperati, aseguró que “esta realidad puede detonar en la exacerbación o inhibición de conductas más intensificadas entre quienes transitan esta etapa de la vida, que se identifica como el proceso natural de búsqueda de expresión que tenemos todos los seres humanos”. “El concepto de educación emocional tiene su base en la neurociencia, que es el estudio del cerebro. Y está comprobado que recién una persona en el cerebro adulto tiene más capacidad para desarrollar las emociones que, per se, son energías que van fluyendo y se gestionan en la práctica diaria de la vida”, comenzó a explicar Sperati.

Esta realidad puede detonar en la exacerbación o inhibición de conductas más intensificadas entre quienes transitan esta etapa de la vida Y agregó: “Entonces, cuando hablamos de chicos en etapa de adolescencia, preadolescencia y posadolescencia, entre los 13 y 20 años, estamos hablando de individuos que muchas veces no saben de manera asertiva expresar qué les hace mal y qué no. Lo manejan entonces, teniendo en cuenta la psicología de grupo, considerando muchas veces que deben 'pertenecer' a una manada, que no siempre coincide con lo que los identifica”. En esta línea es cuando el profesional se plantea la necesidad de que los adultos acompañen el proceso sano y lógico de “salir del seno familiar para vincularse con pares, y desarrollarse como individuo pleno”.

“Sucede mucho que las familias perciben que en grupo sus hijos o hijas preadolescentes o adolescentes toman actitudes que consideran muy distintas de las que tomarían de forma individual, y muchos se preguntan cómo puede ser que se comporte de una manera en casa, de otra con los amigos del barrio, y con los del club, por ejemplo, de otra. Y la respuesta es clara, hay que analizar el liderazgo de ese grupo, la forma de comunicarse que tiene, y todo eso, sí o sí, tiene estar supervisado por un adulto”, asegura Sperati.

Proponemos que proyecten una revinculación sin forzar la situación después de un año tan atípico: trabajando en la parte emocional, buscando que puedan expresarse con otras opciones más allá de la palabra, como puede ser el arte, la música, o educación física

Sobre ello, el consultor psicológico, se apura a aclarar. “Cuando se habla de supervisión de un adulto no nos estamos refiriendo a un control o sobreprotección, sino a la imposición de límites y responsabilidad. Pero pasa que, a veces, con hablarles solos en casa no alcanza, y es aquí cuando aconsejamos trabajar en redes, es decir estar en contacto con los padres de los amigos/pares, con las escuelas, con el club donde participa. Porque la educación emocional empieza por los adultos, la primera medida es el adulto, que es el que irá marcando las pautas para que ese joven encuentre la mejor forma de expresarse”. “Los y las adolescentes —completa —aprenden viéndonos actuar a los padres y madres. Si me ve exacerbado cuando manejo, seguramente copiará de alguna forma eso, o lo mismo si me manejo de forma violenta en la cancha. Por eso, siempre que hablemos de individuos sanos que no tengan una patología de base, debemos hacer foco en la confianza que le damos, marcando su responsabilidad”.

— ¿Y qué pasa con esa educación emocional en tiempos de pandemia y restricciones sociales? — En estos tiempos decimos que los más afectados fueron los adolescentes y preadolescentes porque están en una etapa en la que, por una cuestión evolutiva deben empezar a salir del núcleo y no lo pudieron hacer.

Entonces, lo que nosotros desde la Asociación Civil Educación Emocional Santa Fe proponemos a docentes, asistentes escolares y referentes de clubes, es que proyecten una revinculación sin forzar la situación después de un año tan atípico: trabajando en la parte emocional, buscando que puedan expresarse con otras opciones más allá de la palabra, como puede ser el arte, la música, o educación física. “Sugerimos, en este sentido, que se abran también las puertas de las instituciones para que las familias puedan expresar cómo se sienten con lo que pasó, considerando que puede haber quien perdió el trabajo, a un ser querido o haber sufrido un trauma por el contexto. Sabemos que como sociedad nos enfocamos en una situación primaria que fue en cierta forma sobrevivir, y eso puede haber generado frustraciones que hoy se traducen en distintas instancias de reacción social como ser la violencia”, remarcó Sperati y completó: “El desafío 2021 va a ser lograr que todos podamos gestionar bien nuestras emociones, teniendo como clave a la palabra”.

— ¿Y por qué mencionas a la palabra como fundamental para esto? — La palabra es para el cerebro como una especie de bálsamo o medicamento natural que nos sirve para expresar qué nos pasa. La palabra construye realidad, el tema es que muchas veces esto se tiene que enseñar y uno va aprendiendo con lo que tiene al lado. Entonces, el primer principio de todo para poder sanar es expresar lo bueno y lo malo. Al decir qué me pasa o qué siento, se descarga una energía que está contenida. Cuando uno se angustia, se atraganta. Es como que siente que se queda sin oxígeno en el cerebro de tanto pensar, es como que se recalienta el motor. Y entonces cuando digo lo que siento me puedo sentir mejor o a veces peor, porque lo dije mal, lo expresé mal; y esto pasa mucho más cuando somos adolescentes porque estamos aprendiendo a gestionar las emociones. Igualmente, para llevar tranquilidad a las familias, insistimos en que los jóvenes al estar en etapa evolutiva son más permeables, y por ello estamos seguro de que van a lograr de una u otra manera transitar esta etapa con fortaleza de personalidad desarrollada, siempre que reciban la contención necesaria.

"El primer principio de todo para poder sanar es expresar lo bueno y lo malo"

Tomado de: https://www.airedesantafe.com.ar/sociedad/adolescentes-y-preadolescentes-los-mas-afectados-luego-un-anoantisocial-n187971